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    June 06

    Maese Pérez el organista

     
     

    Esta leyenda está dedicada a Maese Pérez, el organista del convento de Santa Inés. Su fama era reconocida por toda la cuidad y el día de Nochebuena tocaba en la iglesia del convento durante la Misa del Gallo, en la cual se congregaba muchísima gente, desde los más pobres hasta los más influyentes y poderosos de la cuidad. Maese Pérez se negaba a tocar en un órgano que no fuese el de la iglesia de Santa Inés.

    Era día de Nochebuena y se esperaba al maestro con gran impaciencia para que empezase la misa, pero se estaba retrasando, cuando entró un hombre que anunciaba que el músico ciego estaba enfermo y no podría tocar esa noche. Entonces el organista de San Román, aunque lo hacía muy mal, quiso sustituirle, pero en ese momento alguien anunció la llegada de Maese Pérez. Estaba débil y a punto de morir, pero ni siquiera su hija le había podido detener para que viniese a tocar el órgano  Cuando llegaba el final de la misa Maese Pérez murió en el órgano.

    Había pasado un año exacto, y ese año la misa la tocaría el organista de San Roman. La gente estaba planeando no dejarle tocar montando un gran escándalo. En lugar de oír los ruidos que esperaban oyeron una música igual a la que hacía Maese Pérez, por lo que la gente calló y lo dejaron tocar.

    El organista bajó algo confuso del órgano cuando se acabó la música y accedió a algo que Maese Pérez nunca había accedido: El año próximo tocaría el órgano en la catedral, en vez de en la iglesia de Santa Inés.

    Había pasado otro año. Estaban la hija de Maese Pérez y la abadesa del Convento en su iglesia. Este año no habría la asistencia de otros, toda la gente se iría a la catedral. Iba a tocar la hija de maese. Hablando con la abadesa le confesó que el día anterior cuando vino a ensayar juró haber visto a su padre, pero la abadesa no le creyó. Llegó el momento de la misa y cuando la hija se fue a sentar en el banco vio a su padre. Lo dijo, y aunque nadie vio nada, el órgano estaba solo y seguía tocando como solo Maese sabía. La música de ese año en Santa Inés fue la de siempre, y los asistentes a la misa catedralicia sufrieron una gran decepción.

    El misterioso organista aún sigue tocando...
    May 03

    La vieja del candil

     
    Empiezo esta serie con una leyenda muy conocida, cuyo protagonista es el Rey Pedro I (el cruel o el justiciero, según se mire). Las calles en las que se produjo el suceso conservan nombres que lo recuerdan ("candilejo" y "cabeza del rey don Pedro")
     
     
     
     

    Algunos afirman que Pedro I salió aquella noche para encontrarse con una mujer. Otros defienden que fue a consecuencia de una conversación con Domingo Cerón, el alcalde que afirmó que en la ciudad no se cometía un delito sin tener su castigo, y el rey quiso comprobarlo por sí mismo.-

     Lo cierto es que iba solo y embozado en su capa cuando se topó con uno de los Guzmanes, el hijo del conde de Niebla, que apoyaba las aspiraciones al trono del Enrique de Trastamara, hermano bastardo del rey. La ira se desató y las espadas chocaron en el silencio de la noche. El ruido despertó a una anciana vecina que, movida por la curiosidad, se asomó a la ventana alumbrándose con su candil a tiempo de ver cómo uno de los contendientes, cuyo aspecto recordaba al mismo rey, atravesaba el pecho a su oponente. La anciana, alarmada, volvió a cerrar la ventana pero, con tan mala fortuna, que se le cayó el candil a la calle. Apoyada sobre la ventana, intentando imaginar lo que pasaría cuando encontrasen su candil junto al cadáver,. 

    A la mañana siguiente, en la Sala de Justicia, los Guzmanes se presentaron para exigir que se buscase al culpable de la muerte de uno de los suyos. El rey prometió hacer lo posible por encontrarlo y concluyó: "Cuando se halle al culpable, haré poner su cabeza en el lugar de la muerte.". Al cabo de unos días, se trajo a juicio a una anciana que había sido testigo del duelo. La anciana, a pesar de admitir que había visto lo sucedido, se negaba a contar lo que sabía. Ni las preguntas inquisitivas de Domingo Cerón, ni las amenazas de los aguaciles, le hacían decir palabra alguna. El rey, finalmente, se dirigió a ella: "Dinos a quién vistes en el duelo y no te ocurrira nada ". La anciana, cogio un espejo y colocando frente al monarca exclamo Aqui teneis la cabeza del asesino . El rey, cumplio su promesa  ordenando  llevar oculta en una caja de madera la cabeza del culpable que fue colocada tras una reja en la hornacina . Tras su muerte la caja se abrio y para sorpresa de todos aparecio el busto del pendeciero monarca  en el lugar del suceso, donde hoy día aún se puede contemplar